Cuando digo esto de que no eres lo que haces, si no mucho más, puede sonar a absurdo, a obvio, y probablemente sería normal que me dijeras algo así como, «¡claro! Ya lo sé ¡Vaya chorrada!». Sin embargo, no es tan evidente como parece. Porque… ¿qué pasa cuando nos presentamos en una reunión de trabajo? Normalmente surgen frases como:

– “Hola, me llamo Laura, soy Marketing Manager, trabajo en la empresa… Cuento con «x» años de experiencia… en el sector de… etc.”.

No-eres-lo-que-haces

¿Te suena? Es la estructura que habitualmente usamos. Sin embargo, no nos damos cuenta del mensaje que estamos dando. Estamos diciendo claramente que SOMOS lo que HACEMOS, porque… ¿qué otra información estamos compartiendo?

No eres lo que haces. Eres mucho más.

A nivel corporativo decir que te gusta salir en bici los domingos, la jardinería o que eres una apasionada del rock&roll, no es serio. Puede ser cierto, en parte. Sin embargo, siempre hay caminos para decir aquellas cosas que queremos encajándolas en el momento adecuado. Siempre podemos optar por darnos a conocer de forma más auténtica, para conectar con otros y salirnos del cliché, para no identificarnos 100% con nuestro trabajo, porque no eres lo que haces, eres mucho más.

“Ser” y “hacer” son cosas muy diferentes.

Usamos mal el lenguaje y esto nos lleva a confusión.

Imaginemos la siguiente situación, un niño tira un vaso de agua. Su madre al ver lo que ha pasado podría decir:

1️) “Manolito, ¡Ay qué ver lo malo que ERES!”, o…

2️) “Manolito ¡HAS TIRADO el vaso de agua! Debes tener más cuidado. Pórtate bien”.

No debemos enjuiciar a Manolito en su «ser», en su esencia, si no calificar su comportamiento, es decir, en su «hacer». La forma en la que hablamos es importante. Las palabras crean realidad.

Es más fácil “hacer” que “ser.

Por otro lado, es más fácil “hacer” que “ser”. Mientras “haces”, sientes la satisfacción del control, y al mismo tiempo, NO prestas atención a lo que “eres” en verdad. Es una forma de evasión.

A veces, ponemos toda nuestra atención en un listado interminable de tareas (no prioritarias), con la necesidad de tachar y tachar para sentirnos mejor, camufladas bajo hacer y hacer, en vez de parar y conectar con quienes somos. A veces es inconsciente. A veces, cuando tomamos consciencia, parar asusta. Pensamos que lo que nos podemos encontrar va a ser difícil de manejar y volvemos a la rueda de ratón.

Este es el motivo por el que decimos cosas como “necesito tiempo para HACER … (algo que está fuera de mí)”, y no solemos decir “necesito tiempo para SER …” (algo que está dentro de mí).

Así como podemos cambiar lo que “hacemos”, también podemos cambiar lo que “somos”. De hecho, “somos una obra inacabada«. Está en nuestra mano aspirar y trabajar en aquello que deseamos si contamos con la pasión y valentía necesaria.

Autorreflexión.

Y para terminar este post me gustaría invitarte a hacerte ciertas preguntas sin máscaras ni caretas:

1) ¿Quién soy?

2) ¿Qué quiero o deseo?

3) ¿Qué es lo que me llena a mí?

4) ¿Qué es lo quiero dejar de ser?

5) ¿Qué es lo quiero llegar a ser?

Es posible que te cueste responder a estas preguntas. Nos hemos desconectado tanto de nosotras mismas que a veces es difícil. Tómate tu tiempo. Reflexiónalo. Date el permiso de descubrirlo. Anótalo. Te aseguro que merecerá la pena.

Permítete Ser, Vivir, Sentir.

En tu próxima reunión ¿te atreverás a presentarte desde tu «SER» en vez de hacerlo desde tu «HACER»? Te leo en comentarios.

Y si quieres dar pasito más, invierte en ti y en tu autoconocimiento: coaching para mujeres inconformistas aquí. Siempre adelante. Siempre conectada contigo.

Marta Chinchón.

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